Las putas de mi barrio llevan
en pleno invierno las piernas desnudas,
y sugieren promesas y tarifas

con el mismo carmín de ciénaga en los labios.
Cultivan en la voz la misma gripe
y en las cuadras del alba tienen sitio.
Se detienen los coches, tiburones oscuros,
como si dentro no estuviera nadie.
Y ellas se acercan, ángeles y turbias,
con el andar ciprés de un niño expósito,
con la sábana sucia en la mirada
y los brazos supervivientes
de las agujas y el granizo.
No hay bastante dinero que salde la intemperie
en los altos tacones de la noche petróleo,
ni ese rumor del óxido y las ratas
que suena igual que grillos roncos
o que los ejes de aquella carreta
en la canción de Atahualpa Yupanqui.
De Un cadáver lleno de mundo)
http://angelesdeluzyreiki.blogspot.com/
Dibujo: Federico Gallego Ripoll
2 comentarios:
¡ Qué mirada extraordinaria! me duele esa mujer desprotegida.
Qué manera magnífica que describir el desamparo, la soledad, la tristeza, el desinterés de los demás, vistas como objetos de uso y descarte. No imaginarán tal vez los seres tan humanos que habitan dentro de esos cuerpos?
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