educado con vestidos.

Pasados veinte años
algunos niños llegaron a mi puerta,
otros escaparon
y el vértice del triángulo que dio a luz
trajo danza y caricias al resto de mi vida
y le enseñó a mis manos tendidas a ofrecerse
a volverse piedad
como virgen María otorgando el amparo.
El último cuerpo de mujer
en mi familia
que manchó un vestido
es el mío
después vinieron los tampones.
2 comentarios:
LAURA! QUÉ BUENO, VER QUE HAS DADO A CONOCER YA TU OBRA..... ME ENCANTÓ ESTE POEMA....FELICITACIONES. ADELA
Gracias por abrazarme con su comentario. Es difícil calibrar las palabras para no pasarse de vueltas, una se expone voluntariamente a ser condenada, sin derecho a defensa.ABRAZOS. soylaurao@gmail.com
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