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viernes, 27 de enero de 2012

LA NEGACIÓN DE LA EDAD (Por Alfredo Moffat)

La negación de la edad es una tontería. Yo tenía miedo a esta etapa que empieza después de los sesenta años. Ahora, que más o menos estoy instalado en ella (tengo setenta y tres años), me doy cuenta que se me ha simplificado la vida, y la mayor parte de las cosas que antes me preocupaban, ahora creo que son boludeces, pero quedó lo esencial: el amor, los hijos, la justicia social, la solidaridad (y también el dulce de leche y la crema chantilly…)
Esta edad no está tan mal, el tema de la muerte siempre angustia, pero yo creía que iba a ser peor. Es una tontería hacerse el pendejo, fíjense si tuviera que ir al gimnasio, sería todo un laburo y no podría gozar de esto de hacerme el filósofo. Cuando cumplí sesenta años hice una fiesta en la Escuela. Y dije: tengo dos caminos, o me convierto en un viejo sabio, o en un viejo pelotudo. Lo último me pareció aburrido. Cuando no asumís la edad, no gozás ni la una ni la otra.
El temor a la vejez hace que la ocultemos, que sea considerada como algo indigno, a ocultar en un geriátrico porque ya no servimos más.
Acá en la Argentina tenemos la cultura de Mirta Legrand, pobre Mirta, para conservar la juventud debe usar una máscara de cirugía y no está gozando de esa edad.
Cuando estuve en Estados Unidos había una actriz que había sido muy famosa, Bette Davis, que ya estaba muy viejita y tenía el rostro con las arrugas del tiempo. Era conductora y tenía un programa muy respetado, en el que podía decir cosas sabias, porque estaba cómoda en esa edad, era creíble.
También en Italia, estando en una plaza de Roma, pude ver que estaban todos los viejitos (los respetados nonos) jugando a las cartas y tomando Cinzano, con gran dignidad, y la gente iba a preguntarles cosas.
Pero en la Argentina, cuando llegás a esta etapa, te meten en un geriátrico y no aprovechan la historia, que es necesaria para construir el futuro.
En el Amazonas no hay jubilación de viejos. Yo fui hace muchos años, de aventurero, con mochila y bolsa de dormir, y ahí estaban los viejitos de la tribu mirando el río Xingú que desemboca en el Amazonas. Y pensé: "Ahí está la biblioteca nacional"... Uno sabía de partos, otro de canoas, otro de plantas medicinales, a ellos los cuidaban mucho, porque eran los transmisores de la sabiduría, no había transmisión escrita (se moría el de las canoas y tenían que cruzar nadando…) Tenían una dignidad como los que vi en la India. Allí, en el proceso de vida, se respetan todas las etapas.
En estos países de la cultura occidental, tecnológica, donde lo que no es nuevo hay que tirarlo, lo mismo se hace con los seres humanos, y eso es una tontería. En la cultura norteamericana todos tienen que ser jóvenes y lindos.
Hay una etapa de la vida en que uno es niño, otra en que es joven, otra donde es adulto y otra donde es viejo. Nosotros atravesamos las cuatro etapas de la vida, si negamos una, vamos a tener problemas. Si se nos niega la infancia vamos a perder la creatividad, si se nos reprimió la adolescencia, vamos a perder la rebeldía.
Lo importante es seguir creciendo, es como pasar por distintas estaciones. En cada una hay que bajarse y tomar el otro tren (son las crisis evolutivas). Algunos se bajan en una y ahí se quedan, no siguen en el viaje de la vida.
La concentración urbana genera la familia nuclear: papá, mamá y uno o dos hijos, donde es tan pequeño el espacio, que no cabe el abuelo, va al geriátrico, después tienen que mandar al nieto a la guardería, pero ¿quiénes son los mejores cuidadores para el nieto? el abuelo y la abuela. ¿Qué mejor maestra jardinera que un abuelo o una abuela? Ambos están fuera de la producción, fuera de la tensión necesaria para la lucha cotidiana, ambos están en el mundo de lo imaginario...
En Santiago del Estero el tata viejo es un personaje muy importante. Es el que sabe la historia de la familia, transmite la información, los agüelos cuidan al gurí, las dos puntas de la vida se complementan.
En nuestro país la vejez está desvalorizada, los viejos son marginados, el cambio social fue tan brusco que su experiencia habla de una Argentina que perdimos, si terminan en el geriátrico, los tratan como chicos, los retan y los humillan, se deprimen y aparecen todas las enfermedades que tienen que ver con las bajas defensas.
En cambio, en las sociedades más sanas, esta es una época muy rica, porque es la de la reflexión, que es parecida al juego y la creatividad, pero ya después de haber visto la película entera y haberla entendido.
La última etapa es lo que se llama la senectud, que a veces tiene un deterioro grave, neuronal, de las funciones mentales. De todas maneras, el final del proceso de la vida, que es la muerte, es un tema negado en nuestra cultura. El final, la agonía, a veces tiene características traumáticas, como algunos partos, al inicio. Los humanos somos todos de la tribu de los "Uterumbas", porque vamos del útero a la tumba.
Se puede estar en cualquier edad, incluso setenta, ochenta años, y el que tiene un proyecto se aleja de la muerte. Eso lo vi en Pichón anciano, él decía: “la muerte está tan lejos como grande sea la esperanza que construimos”, el tema es la construcción de la esperanza. ¿Cómo la podés construir?, si esa historia tiene sentido y se arroja adelante como esperanza.
Padres que no le tienen miedo a la muerte hacen hijos que no le tienen miedo a la vida.

Alfredo Moffat - Psicólogo
“Terapia de Crisis. La emergencia psicológica”

3 comentarios:

Mahirimah dijo...

Excelentísimo relato!!!!y cuanta verdad encierra!!!De alguna manera me hace recordar a nuestra entrañable "Abuela Loca"(la querida y recientemante fallecida Susana...)
Los años que nos den de vida, se deben "Vivir" y no PASAR!!!
Muy buena publicación,en algún momento te contaré, querida Myrian el motivo de mi ausencia en los blogs (ni siquiera ando por el mio)...te enviaré un correo luego...besos al alma!!!

Diana Profilio dijo...

¡Una nota genial! Cómo cuesta asumir la realidad!! Se van quemando las etapas sin disfrutarlas a pleno. No se puede generalizar pero cuántas veces, de niños o adolescentes, nos agregamos años porque queremos ser mayores hasta que llegamos a serlo, y luego muchos se convierten en "pendeviejos" sin llegar a ser ni una cosa ni la otra.
Es verdad que en muchas culturas los ancianos son respetados y considerados sabios; en otras pasan a ser material descartable esperando su final sin la menor consideración.

El respeto al ser humano es fundamental en todas las edades. Con el tiempo las personas maduran y supuestamente "sientan cabeza". Aunque, personalmente sostengo una hipótesis: todos nacemos con un ADN bajo el brazo y nos vamos desarrollando y comportando de acuerdo a esos parámetros "preimpresos de fábrica". Quien por genes, temperamento, elección o destino se comporta de determinada manera durante toda su vida, al envejecer conserva las mismas estructuras -quizás con algún cambio positivo por replanteos de valores y visiones o nooo-. Pero también es cierto (éste es sólo un ejemplo) que si de jóvenes fuimos ignorantes, desaprensivos, insensibles, "hdp", etc etc, NO porque lleguemos a viejos nos vamos a convertir, por arte de magia, en personas venerables, dignas y sabias. Los habrá de todo tenor (insisto que por educación, ética, buenas costumbres y agradecimiento por lo que han hecho por nosotros, el respeto está ante todo) Pero hay de todo en este inmenso supermercado de Dios. Cada uno cosechará lo que ha sembrado.

Espero que no hayan malinterpretado mi comentario, sólo quise mostrar otra realidad que también existe.

Un beso grande!!!! (y espero no terminar en un geriátrico... o sí, ¡Vaya uno a saber! Veremos si mi siembra fue buena o no)

Chelo dijo...

Nunca oculte mi edad y menos ahora que ya hice los sesenta.

Muy buena tu entrada. Un abrazo