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martes, 7 de diciembre de 2010

PASO VIEJO, EL PUEBLO QUE SE HIZO AL REVÉS

Paso Viejo, en el departamento Cruz del Eje, es un pueblo que se hizo al revés. Nació en fecha imprecisa y de manera espontánea. Por eso en su historia es imposible encontrar un acta de fundación, referencias basales claras o simbólicas, registros catastrales incontrastables o un simple bosquejo de traza original. Y esto es así por una sencilla razón: no existen.
Todas las instituciones del lugar se asientan en terrenos donados por Fernando Crespo. Ahora, sus hijos firmaron un convenio para sanear los títulos de todos los inmuebles.
El poblado se encuentra en la antigua huella que dejaron los viajeros que unían Córdoba con San Juan, bordeando el río Pichanas. Este rastro se fue cubriendo de polvo con la llegada del ferrocarril en 1890 y, luego, con el trazado de la ruta 38.
En ese capricho del destino y no en un acto bautismal o de fe, se halla, precisamente, el origen de su nombre. "Este pueblo se niega a bajar los brazos y quienes vivimos aquí queremos demostrar que de viejo sólo tiene el nombre y que su paso es joven y vital", dice, jugando con las palabras, Luis Andrada, jefe comunal de Paso Viejo.
"Para eso, los hijos de este lugar debemos continuar el rumbo que nos marcaron quienes nos precedieron, honrar su memoria y rescatar para quienes nos sucederán los ejemplos de amor por el terruño, de trabajo constante y de desprendimiento, como el de don Fernando Crespo", agrega Andrada con pasión. Ese vecino insigne está ligado a la memoria y al destino de este pueblo del noroeste cordobés, de unos 1.300 habitantes, según el censo de 2008.
Donar, una obstinación. En 1944, Fernando Crespo llegó a Paso Viejo proveniente de Buenos Aires y se puso al frente de la estancia que su padre había adquirido en un remate de campos del Banco Hipotecario Nacional.
En los comienzos, se dedicó a la cría de ganado y al cultivo de maíz, garbanzos y porotos. Luego realizó la primera plantación de algodón de manera experimental, cultivo que se extendería por toda la región.
La construcción del dique Pichanas y la expropiación de 4.800 hectáreas para afectarlas al proyecto Colonia Paso Viejo -a unos 50 kilómetros al oeste de Cruz del Eje- trajeron vientos de bonanza al lugar y alimentaron los sueños de quienes lo habían elegido para forjarse un destino de prosperidad.
Fernando Crespo impulsó la formación de una comisión vecinal de fomento a la que donó un terreno para la construcción de su sede. También cedió una manzana para que se levantara la iglesia en honor a San José, patrono del pueblo, a instancias del cura Osvaldo Finoccieto, párroco del lugar, quien, a falta de templo, oficiaba misa en casa de los Allona.
La historia de entrega voluntarias de tierra no terminó en el par de hechos señalados. Ese fue sólo el punto de partida.
Don Crespo donó además una amplia parcela para el cementerio Virgen del Valle, una manzana completa para la construcción de la sede comunal, el Registro Civil, el Juzgado de Paz (que en breve cortará las cintas del nuevo edificio) y la Comisaría. También entregó, sin cargo alguno, un lote para el centro de salud y otro para el Club San Martín, sede de la Fiesta Provincial del Algodón, que se realiza en Paso Viejo desde 1987, pese a que hace rato no se ve un capullo a kilómetros a la redonda.
Así también, como consideraba que la educación era clave para el porvenir, cedió los terrenos donde se levantaron la Escuela Antártida Argentina y el jardín de infantes del mismo nombre. Y el edificio del Ipem 306 Amadeo Sabattini (agrotécnico) se construyó en un terreno cedido por Crespo, establecimiento al que además le donó seis hectáreas donde los alumnos (150 en la actualidad) realizan las actividades de campo.
Honrar la memoria. Fernando Crespo murió en 2007 a los 90 años. Aún en el crepúsculo de la vida su altruismo se mantuvo intacto. Cedió a la Comuna una parcela para la instalación de una nueva bomba extractora de agua y a la Provincia, una franja de campo para la concreción del canal de riego. Por último, entregó dos hectáreas para la construcción del barrio San José, donde se levantaron viviendas sociales para 36 familia.
Sus nueve hijos quieren ahora completar la obra magnánima de su padre y honrar su memoria. Con ese doble propósito, firmaron un convenio con el Ministerio de Justicia y la Comuna de Paso Viejo para sanear los títulos de todos los inmuebles donados y que cada beneficiario pueda escriturar el suyo y registrarlo a su nombre.
En virtud del acuerdo, la Unidad Ejecutora de Saneamiento de Títulos de la Provincia, se compromete a concretar, por su cuenta y cargo, "los actos necesarios para la realización y aprobación de los planos de mensura y subdivisión" del poblado.
De este modo, a más de un siglo de la construcción de la estación del Ferrocarril Belgrano, Paso Viejo tendrá al fin un legajo catastral, confirmando así que se trata de un pueblo que se hizo al revés.
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