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miércoles, 13 de abril de 2011

JULIETA LANTERI

Julieta Lateri nació en 1873 y falleció en 1932. Llegó a la Argentina siendo muy pequeña. Su familia se afincó en La Plata, donde ella eligió estudiar en el Colegio Nacional, el único que habilitaba para el ingreso a la Universidad.
Optó por la Medicina, una profesión vedada a las mujeres y tuvo que tramitar un permiso especial ante el Decano, Dr. Leopoldo Montes de Oca, para poder estudiar. De allí egresó siendo la quinta médica recibida en nuestro país. Con la primera, Cecilia Grierson, fundó la Asociación Universitaria Argentina.
Integró, en 1906 el Centro Feminista del Congreso Internacional del Libre Pensamiento que se hizo en Buenos Aires, junto a Alicia Moreau, Sara Justo y Elvira Rawson. Un año después se le negó la adscripción a la Cátedra de Enfermedades Mentales por ser italiana. Gestionó, entonces, la carta de ciudadanía, que le fue conferida en 1911 (la segunda otorgada en Argentina). Solicitó su empadronamiento y en las elecciones para la renovación del Concejo Deliberante de Buenos Aires, votó el 26 de noviembre de ese año. El Dr. Adolfo Saldías, presidente de mesa, la felicitó, orgulloso por haber firmado la boleta de la primera sufragista sudamericana.
Las autoridades negaban el voto a las mujeres, porque el empadronamiento electoral se basaba en el empadronamiento militar. Nada lenta, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada. También acudió al Ministro de Guerra. ¡¡Era todo un atrevimiento!!
En 1919 fue postulante a una banca en el Parlamento, convirtiéndose en la primera mujer candidata. Ese año en la Plaza Flores se produjo un simulacro de votación callejera (el primero), encabezado por ella. Congregó unas dos mil personas, lo que llamó la atención de feministas neoyorkinas, que analizaban la situación local de la mujer. Después, el Socialismo incluyó una dama en su lista.
Siguió adelante y fundó el Partido Feminista Nacional por el que fue postulada a legisladora en varias oportunidades. En 1924, año en que triunfó el Dr. Alfredo Palacios, ella siguió en cantidad de votos obtenidos. No fue poca cosa.
Los principios de su partido se incorporaron a partidos nacionales en San Juan y Mendoza. Previó golpes totalitarios en Sudamérica, disertando en la UNLP y se entrevistó con el Dr. Marcelo T. de Alvear para comentarle alternativas antiautoritarias. Bregó por derechos y mejoras laborales femeninas e infantiles. Fue incansable, original y valiente.
El sospechoso accidente de un auto marcha atrás, que la golpeó mortalmente el 23 de febrero de 1932, terminó con su lucha, pero no con su memoria. Dejó un rico anecdotario personal y un legado de mujer singular.

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