**ES BUENO COMUNICARNOS**


Creado el 13-09-2009

GRACIAS POR LA VISITA.


**A quienes con su aporte y confianza me permiten mostrar los temas que son de mi inquietud...
GRACIAS DE CORAZÓN!!!**


*Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá*


martes, 26 de enero de 2010

VICTORIA OCAMPO


Por Edgardo Cozarinsky

No era fácil en la Argentina de los años ’30 ser mujer, ser rica y al mismo tiempo querer realizas sus aspiraciones culturales fuera de los salones de la llamada “buena sociedad”. Victoria Ocampo lo logró con una jugada genial: su obra maestra indiscutible fue, sigue siendo, y como tal quedará, la colección de la Revista SUR, que fundó y orientó durante más de cuarenta años.
Durante los primeros treinta años de existencia, la Revista fue un predicado de la personalidad de su creadora: exigente como ella, como ella discutida, segura de tener una misión e insegura de su capacidad para realizarla. Victoria Ocampo supo rodearse muy pronto de colaboradores perspicaces, que correspondían a su gusto sin ahorrarle a veces la contradicción que buscaba, acaso para comprobar que no se había rodeado de cortesanos.
Conocí a Victoria Ocampo a fines de los años ’60 y aprecié inmediatamente su curiosidad por los jóvenes llegados de horizontes sociales lejanos al suyo pero poseídos por la pasión de las letras. Porque Victoria pertenecía a esa generación, que espero no sea la última, para quienes la literatura fue el centro indiscutido de la vida del espíritu, aún más allá de lo cultural.
Como toda personalidad fuerte, Victoria prefería sus propios errores a las certezas sin riesgo de los demás. Las relaciones personales estaban en la base de sus elecciones culturales o políticas, antes que las ideas generales. En 1936, al estallar la Guerra Civil Española, la posición de Jacques Maritain la confirmó en su hostilidad a Franco. En 1961, cuando Eichmann fue raptado en Buenos Aires, desafió la indignación de los nacionalistas irritados por esa “violación del territorio nacional por agentes israelíes” y manifestó públicamente su satisfacción de ver a un criminal de guerra llevado ante un tribunal. Y lo hizo evocando la memoria de Benjamin Fondane, poeta francés y judío rumano, que en 1939 le había confiado sus archivos para resguardarlos de la guerra que se anunciaba… ese mismo Fondane que en los últimos días de la ocupación fue deportado a Auschwitz donde murió en las cámaras de gas, ironía trágica, varios meses después de la liberación de París.
Ante esta mujer hermosa, apasionada, generosa, siempre sentí una admiración más fuerte que cualquier desacuerdo puntual sobre gustos u opiniones. Victoria Ocampo se inventó un destino y realizó una obra, peleándola sola hasta el final.

(Palabras leídas en la Maison de l’Amérique Latine, en París, el 1 de febrero de 2005 y traducidas por el autor)

No hay comentarios: