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miércoles, 4 de agosto de 2010

TEATRO DEL PICADERO

Para la tradición del viejo circo criollo, un picadero era la pista de arena o de tierra donde se representaban las destrezas circenses y también los melodramas gauchescos. A fines del siglo XIX y en el humilde picadero de un circo nació el teatro argentino, dicen los estudiosos, cuando la compañía de los hermanos Podestá le puso letra a la pantomima Juan Moreira, un popular folletín de Eduardo Gutiérrez.
El nombre volvió en 1980 al abrirse el Teatro del Picadero, en el edificio de una fábrica de bujías diseñada en 1926 por el arquitecto Benjamín Pedrotti.
La sala estaba en el pasaje Rauch al 1800 —ahora se llama Enrique Santos Discépolo— a metros de Callao y Corrientes. En ese ámbito se alcanzaron a dar las ocho primeras funciones del ciclo Teatro Abierto 1981, una respuesta cultural a la dictadura militar, cuando en la madrugada del 6 de agosto de ese año un atentado incendiario destruyó el sitio.
Pero, ¿qué fue Teatro Abierto? Corrían los primeros meses de 1981 cuando una idea del dramaturgo Osvaldo Dragún de "mostrar la vitalidad y vigencia del teatro argentino actual" tomó forma. Se trataba de poner en escena 21 obras escritas por autores nacionales, en funciones diarias de tres obras cortas, durante los siete días de la semana y a un precio accesible. Ninguno de los participantes de Teatro Abierto —entre los que hubo más de 300 profesionales de todas las disciplinas— cobraría un centavo.
El telón se levantó el 28 de julio de 1981 con textos de Aída Bortnik, Roberto Cossa, Griselda Gambaro, Eugenio Griffero, Carlos Gorostiza, Ricardo Monti, Eduardo Pavlovsky, Ricardo Halac, Carlos Somigliana, Jorge Goldenberg y Osvaldo Dragún, entre otros destacados dramaturgos. La respuesta del público fue entusiasta. Tanto que, luego del atentado, se anunció la continuación del ciclo en el Tabarís, una de las 17 salas ofrecidas espontáneamente por empresarios teatrales.
El 6 de agosto de 2001 reabrió sus puertas la nueva sala de El Picadero, donde se descubrió una placa de homenaje de la Legislatura de Buenos Aires, se proyectó el video Teatro Abierto, país cerrado de Arturo Ballasa.
Todo esto explica por qué reabrir El Picadero es también hacer memoria.

http://edant.clarin.com/diario/2001/06/18/

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